Para la NO exclusión se requiere afecto

Dice JK: ¿Cómo aclara usted un malentendido? ¿Cuál es la cualidad que se requiere para ayudarnos a borrar un malentendido? Usted dice algo, yo lo interpreto mal y me ofendo. ¿Cómo borramos esa ofensa usted y yo, ese sentimiento de «Usted me ha entendido mal»? O yo, por haberlo entendido mal, he hecho algo que usted piensa que no debería haber hecho. ¿Cómo aclara eso?

Interlocutor: Con afecto.

Se requiere afecto, ¿comprende? Si yo tengo afecto, digo:

«Observemos el malentendido y veamos si no podemos superarlo». Pero si lo examino meramente de manera intelectual y me tomo tiempo al respecto, entonces seré ofendido por algún otro. En consecuencia, el afecto es la base desde la cual uno puede eliminar los malentendidos. ¿Correcto?

Interlocutor: Yo pienso que si uno no tuviera una imagen de sí mismo, no podría ser lastimado por una ofensa.

K: Sí, pero yo tengo una imagen y él tiene una imagen. Yo me ofendo por lo que usted ha dicho; ¿cómo borro eso? ¿Puedo decir, «Vea, entendí mal, lo siento, hablemos de ello otra vez»? Eso requiere cierto afecto, ¿no es así? ¿Ha logrado usted tener ese afecto?

Del latín exclusĭo, exclusión es la acción y efecto de excluir (quitar a alguien o algo de un lugar, rechazar, negar posibilidades).

En general se habla de exclusión social, refiriéndose a una situación involucrada con la pobreza, la discriminación, la invisibilidad, o la reducción de oportunidades. Un término que surgió en la década de los años 70, concretamente  en Francia donde se comenzó a utilizar dicha expresión a raíz de la obra titulada “Lex exclus: un Français sur Dix”, que fue escrita por René Lenoir que plasmó la situación que en aquella época se vivía en el país galo, donde un importante número de ciudadanos se encontraban fuera de lo que era el sistema de la Seguridad Social.

Si bien esta no es la exclusión en la que quiero profundizar, tiene mucho que ver con esto,  porque habrá muchas formas  de exclusión, pero en definitiva responde a esa acción del ser humano de intentar separar en vez de unir.

Mi concepto tiene que ver con la exclusión emocional. Sigo creyendo que una familia armónica es aquella que garantiza las oportunidades de desarrollo a todos sus miembros  por igual, y que brinda las herramientas y el respaldo necesarios para corregir las desigualdades, que no tienen que ver con los objetos que pudieran o no tener, sino con sentirse “como en casa”, pertenecer a este grupo, ser parte de unos principios que son los que muestran el camino. Crecer juntos. Podré estar de acuerdo con las políticas de papá o mamá, pero la fibra no se toca, el filamento que une es el sentimiento de pertenecer a este hogar, de sentirme “parte de”, y afecto.

Aquí fallamos.

Quiero decir, (si hablamos de hijos por ejemplo)siento que no se trata de comprar dos vestidos iguales para promover la igualdad, se trata de mirar a ambos, a cada uno con sus gustos, y con sus características, de abrazar sus fortalezas y también sus debilidades, ayudándolos a superar sus obstáculos, sin desmerecerlos o compararlos, sin entorpecerlos o “calcarlos”. La igualdad, no la de la balanza, la igualdad al momento de compartir, la igualdad al momento de ser “mirados” “apreciados” “amados”.

Para lograr esta aproximación íntima y promoverla,  para algunos es imprescindible abordar su infancia, solucionar sus conflictos internos, superar sus obstáculos, su egoísmo, y hasta entrar en debate con su ego. Las buenas intenciones suenan lindo, pero no alcanzan.

Precisamos ser conscientes,  pero también requiere cierto afecto por el otro.

Y las personas piensan “Pero… si yo le doy todo” … y yo me pregunto, “¿todo, respecto a qué?”. La diferencia para mí está en lo que sentimos, en la “distancia emocional” que generamos que luego se transforma en distancia física, como un mecanismo de supervivencia. Aquí en este lugar estoy “protegido” ninguna emoción me hará doler, yo aquí, tu allí, y con eso se aborda cada instante de presente. Y generamos instancias aislados del otro. Separados.

Y en realidad cuando formamos una familia, somos responsables de crear el terreno adecuado, el ambiente apropiado a fin de que seamos “todos nosotros juntos”.  Y podremos responder a los acontecimientos de modo adecuado y completo. Entonces este lugar será maravilloso e integrador.

La pregunta sería ¿Podemos todos nosotros hacer esto juntos?

Como dice KRISHNAMURTI, si no es así, seamos humildes al respecto, seamos razonables y digamos: no somos capaces.

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