Nuestra mejor versión

212-THICH-NHAT-HANH-PEACE

En uno de mis recientes post hablé de la responsabilidad, de ese tomar partido por las acciones y hacerme cargo independientemente de las circunstancias, de mis inclinaciones, de mis debilidades, y de mis objetivos para el futuro. La decisión está en este momento presente.

Insisto en que si cada uno de nosotros tomáramos las riendas de nuestras acciones sin culpar a los demás, buscáramos siempre relacionarnos con nuestra “mejor manera” y tuviéramos  como “máxima” sacar lo mejor del otro, abrazando y aceptando sus debilidades como una proyección propia, estaríamos en un estado de progreso espiritual muy importante. Habríamos llegado a la Ataraxia, según palabras de Epicuro*. Un estado pleno de serenidad,  y avanzaríamos espiritualmente a pasos agigantados.

No se trata como dijera Rousseau en cierto momento, de una proposición nacida de los buenos sentimientos ni de una manifestación de optimismo que se queda en eso; sino de un ir hacia ahí, de tomar una postura que me vaya llevando,  que pueda espolvorearse con un poco de flexibilidad, para aceptar aquellas cosas que de repente no son de mi agrado, y con cierta grado de madurez nuestra solvencia es más profunda ante lo nuevo e integramos todo como un paquete. Lo que falta es la iniciativa de estar en la acción en sí misma y llevarlo a cabo. Centrar la atención aquí y ahora, y si estoy en este instante ya no existe pre-ocupación, deberíamos marcarlo como un  manifiesto lógico preciso. O bien tener una máxima, que me guíe cuando los impulsos me sobrepasan o cuando llega el momento de cuestionarse, de tomar de decisiones.

Una persona aquí y ahora, atenta y consciente difícilmente podrá hacer daño, porque las condiciones que hacen posible la malicia, la violencia y la agresividad, no existen en tal estado de consciencia plena.

En el estado de consciencia plena, y respiración consciente, las personas estamos “en relación”  con todas las cosas y personas que nos rodean logrando conectarse a cada una de ellas, desde el corazón.

El estado de prisa, y de no-consciencia, es como un estado de abstracción que nos aísla, parece en primera instancia un estado de independencia, pero es aislamiento.

Si comenzáramos a apreciar las bondades de estar en el momento presente, mirándonos a los ojos, escuchándonos atentamente, regalando nuestro tiempo, nuestra presencia  a las personas que amamos, o a las tareas que nos llenan de entusiasmo, alcanzaríamos una especie de equilibrio, de sosiego como un efecto de la relación con la naturaleza, con los hombres y con las cosas.

Podemos estar conscientes en el día a día,  impregnando de atención plena  la mayor cantidad posible de las actividades que realizamos, en el modo en que manejamos nuestro trabajo, resolvemos problemas en nuestra casa, planeamos reuniones, disfrutamos de una tarea, no se trata de pasar encerrados treinta días en un Monasterio, se trata de tomarse el momento  para volver al estado de atención plena.

En este estado de conexión se manifiesta nuestra mejor versión, un ser conectado, profundo y sencillo, sereno, con flexibilidad,  con una alegría poco casual, un ser radiante. Maravillosamente radiante.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s