Sensibilizarnos más, desechar menos.

Me asustó saber que cada año se pierde o se desecha aproximadamente un tercio de la comida producida en todo el mundo para consumo humano*. Y lógicamente esa pérdida supone un importante gasto de agua, tierra, trabajo, capital, etc.

Esto significa como dice el libro “Pérdidas y desperdicio de alimentos en el mundo” obligatoriamente que cantidades enormes de los recursos destinados a la producción de alimentos se utilizan en vano, y que las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por la producción de alimentos que se pierden o desperdician también son emisiones en vano.

Me entristece saber el impacto que esto tiene en la pobreza y el hambre a nivel mundial, así como en el cambio climático y
en la utilización de recursos naturales. Tal vez esta tristeza viene porque me desarrollé en un barrio pobre, con escasos recursos y solo pensar que hay tanta gente pasando hambre y necesidades me arruga el corazón.

Estoy absolutamente convencida de que podemos reducir el desperdicio de alimentos. Si, estaría buenísimo una gran campaña nacional sobre sensibilización de las industrias alimentarias, los vendedores, los consumidores, incluso los niños. Y hacerles ver que hay que dar un uso adecuado y beneficioso a los alimentos y que es posible desperdiciar menos, pero lo real es que no hay una campaña, que tenemos que dejar de esperar que los cambios sean grandes o los hagan otros, para empezar a hacerlos en casa.

Se puede empezar tratando de tomar conciencia en nuestro propio hogar o aumentando el nivel de sensibilización de nuestros niños. Hagamoslé tomar conciencia de las cosas que tiramos. Conversemos más. La sensibilización empieza en el hogar, en la mesa, en tratar de reconciliarnos con una berenjena, un pepino o una zanahoria avejentada en la heladera.

Aunque seamos un País abundante en alimentos, o un Hogar donde hay abundancia, me parece que es adecuado enseñar el valor de un plato de comida, transmitir el trabajo que da traer un plato a la mesa, comprar los alimentos, prepararlos y dar el ejemplo haciendo una utilización eficiente de los mismos.

En Dinamarca, la iniciativa Stop Wasting Food aconseja a los consumidores sobre cómo evitar el desperdicio de
alimentos comprando según las necesidades diarias de los hogares. Además, promueve la planificación del hogar
y unos patrones de compra mejores para estimular un movimiento consumista no impulsivo, sino razonable,
y patrones de consumo.

El libro también habla de prevención, de abordar la educación en las escuelas sobre estas cuestiones y las iniciativas
políticas pueden ser los puntos de partida para cambiar la actitud de las personas para con el actual desperdicio masivo de alimentos. Pongamos el foco en tomar conciencia.

*Número del estudio realizado para el congreso internacional SAVE FOOD!. Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Rome 2012

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