La noche maternante

Desde que tenemos uso de razón, el atardecer nos va alumbrando el momento del descanso. El momento de ir bajando nuestro nivel de actividad, es hora de retirarnos de la presión del día, de las exigencias del trabajo y las responsabilidades, y refugiarnos en el calor del hogar. Con cada punzada de oscuridad tenemos la oportunidad de re ubicarnos, de re ordenar nuestras prioridades.

Cuando somos madres, las noches son mucho más que un momento de descanso y relajación. Hay mucho más que una cena y la sensación de descanso. Las noches se convierten en un momento de navegar las aguas de las sombras, de dar calidad emocional y cobijo a ese bebe que nos espera con ansias para nutrirse de nuestro clima corporal, de nuestro olor, para abrazarnos la piel, para deleitarse con el apacible silencio donde cobra protagonismo el sonido del latir del corazón, para terminar el día sereno y en comunión con su origen, fusionado totalmente en la misma vibración.

Un momento maravilloso para estar con nuestro bebe sin distracciones, para terminar el día en serenidad y comunión con su ser interior.

Pero nos gana el personaje. Dejamos al bebé en su cuarto, solo en la oscuridad de la noche. Queremos descansar solas. Queremos satisfacer nuestros deseos de pareja. O que nadie nos presione. Todas nuestras necesidades infantiles pujan por salir, y nuestro yo engañado, dice “yo me acostumbre a que nadie me cobije, mal no le va a hacer, que se acostumbre”.

Y nos perdemos la magia.

Hay muchas maneras de convertir la noche en un infierno y esa es una.

El bebé en una habitación y yo en la otra. El bebe no para de llorar. Y nosotras no paramos de pensar en que mañana hay que ir a trabajar. No reparamos en la soledad del niño. Nunca. En ningún momento.

Una experiencia que desde el inicio puede ser nutritiva y enriquecedora para el alma. Un simple paseo por la casa en silencio y abrazados puede mostrarte el milagro de la conexión. Mientras todos duermen.  

A medida que la noche cae, aparece un olor, el cielo cambia de color, los sonidos se reducen, cobran vida otros sonidos, más sutiles, el olor del suelo y la vegetación se magnifica. Si vivís entre edificios mirar el cielo antes de dormir puede ayudarnos a ver la maravilla de la vida, nos ofrece un recordatorio de la belleza del universo que nos rodea, la oportunidad de pedir deseos que están durmiendo en nuestro corazón.

Cada noche en brazos de nuestro bebe podemos con las fases de la luna, apreciar el paso del tiempo, esa rutina puede hacer la diferencia. Abrazada al bebe podemos descubrir un mundo amoroso y resplandeciente, cada noche mientras la luna va cambiando de posición.

Este ritual, este momento de conexión, ayudarán a decirle buenas noches a este día, a agradecer este día para esperar el próximo. Nosotras, podemos brindar ese sostén. Nosotras podemos vibrar la belleza relajante de estar pegada a nuestro bebe nutrido y amparado en la noche, solo esto puede calmar el alma, y en esa quietud brindar la calma que todos necesitamos para conciliar el sueño reparador. 

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Obras: Katie m. Berggren sobre La maternidad pintada

"Licencia

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