El consumo de la violencia

 

Cuanto más la practico, con mayor claridad advierto lo lejos que estoy de la plena expresión de la no violencia en mi vida. Mahatma Ghandi

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¿Porqué cuando sentimos la necesidad de desacelerarnos, de descansar y llegamos del trabajo en una vibración alta de tensión y estrés nos sentamos en el sillón a consumir programas televisivos, series o películas cargadas de angustia, violencia y dolor? ¿Porque eso nos entretiene?.

Nos saca de este aquí y ahora, de nuestro presente. El contenido se embebe en nosotros. Se acopla, se acomoda, se cuela por todos los rincones. Empieza a buscar información dentro de nosotros para conectar e identificarnos rápidamente. Nos convertimos en el contenido que estamos mirando.

Somos la guerra, el desamor, el bebe que nace, la mujer que sufre, el hombre torturado. Nos convertimos en eso por el tiempo que dure. Perdimos la conexión interior. El equilibrio. Sentimos miedo o nos ponemos nerviosos si el protagonista lo está. Si hay un niño sufriendo, nos convertimos en el niño herido y sufrimos. Eso es lo que estamos eligiendo.

La realidad es que nuestra conciencia no tiene tiempo por lo que para el cuerpo ese miedo es real, es ahora, estamos en peligro, esa es la única verdad. Nosotros y nuestros niños.

Nuestra corriente sanguínea se acelera, nuestras pupilas se ensanchan, sudamos y estamos prontos para correr de la situación de riesgo.

Del peligro que elegimos vivir. Estamos tan desconectados de nosotros mismos que ni siquiera percibimos que estamos aturdidos y cansados de este consumo. Entramos en un bucle, miramos un capítulo más y otro más. No podemos apagar.

Esa información nos conecta con el presente y nos desordena todo dentro. Perdimos el rumbo. Así queda al descubierto nuestro propio desequilibrio, nuestra soledad y nuestro temor.

¿Te has sorprendido mirando como torturan a un hombre para presionarlo por información? ¿O como se suicida un adolescente que no se siente querido, mirado y apreciado por sus padres? ¿Te has sorprendido mirando de afuera como el engaño y la mentira hacen parte de la vida diaria y hasta nos parece divertido y gracioso?

Los ruidos, los tiros, los gritos, nos sobresaltan pero aún así no apagamos el televisor.

¿Porque nos lastimamos de esa forma? ¿Eso es mejor que estar solos con nosotros mismos, escuchando nuestros propios ritmos internos? ¿Porque no nos podemos mirar de frente?

Estamos tan desolados, escindidos  y angustiados que no podemos volver a nuestro eje armónico donde subyace toda nuestra alegría al servicio de nuestra paz interior. Solo hay que ir y tomarla. Solo hay que elegir, decir que SI a este momento. Permitir que el aire fresco de nuestra respiración invada todo.

Apagar los ruidos externos, dejar que la belleza del cielo nos nutra con su espectáculo, permitir que los aromas de una fruta nos enamoren o que el ritmo de nuestro bebe nos endulce.

¿Tanto miedo le tenemos a los vacíos internos que preferimos disfrutar del sufrimiento ajeno sentados de forma pasiva?

Somos lo que percibimos. Si percibimos violencia nos convertimos en violencia, somos rabia y dolor. Llamamos a la ira. Estamos enojados.

Si miramos una película romántica, somos el amor, estamos ilusionados, pilotamos hacia la fantasía.

Estamos tan desconectados, desorganizados, tan perdidos, somos tan poco exigentes con el contenido que consumimos, estamos dispuestos a prestar nuestra mente y nuestro corazón al servicio de cualquier cosa que esté disponible. No tenemos la capacidad de elegir que consumir, ni que consumen nuestros niños. En vez de ponernos disponibles y darles atención prendemos el televisor para que se entretengan.

Entregamos toda esa blandura y suavidad a la basura de la televisión.

Vemos programas de chimentos y nos divertimos. Nos sentimos tan solos, tan desdichados, tan perdidos que entregamos nuestro momento presente a cualquiera que nos ofrezca un poco de entretenimiento.

Estamos tan desolados que perdimos la capacidad de ser críticos con lo que ingresa a nuestra mente, no somos capaces de determinar cómo nos queremos sentir, nos entregamos a la angustia y a la violencia invisible de una pantalla. Netflix nos sugiere contenidos ideales para nosotros según nuestro perfil así que dejamos que nos guíe, nos destruya, nos cargue de tensiones, dejamos que nos embeba porque eso es lo que somos.

Tenemos que aprender a reconocer cuándo estamos en manos de otros. En qué momento dejamos de ser libres.

Podemos recuperar la capacidad de ser críticos con los contenidos que consumimos, simplemente conectando con nuestra respiración, con nuestro cuerpo, en sutil armonía con la energía del universo podremos saber a ciencia cierta si lo que estamos mirando nos nutre o nos lastima, nos guía o nos tensiona, nos da miedo o nos da alegría.

¿A quién le entregamos nuestra mente y nuestro corazón?

Tenemos que tener mucho cuidado al momento de proteger nuestro equilibrio. No podemos permitir que el consumo globalizado nos arrastre y nos quite la paz.

¿Cuantas veces nos dejamos distraer?

Tal vez lo único que necesitamos no sea cortar todo, sino elegir adecuadamente y luego poder estar atentos, no permitir el arrastre, respirar, volver al centro, de esta forma podemos evitar el peligro de la identificación.

¿Cómo podremos después abrazar a nuestro bebe embebidas en el dolor del engaño, de la guerra, de la violencia, aturdidas y desconectadas?

Con la respiración consciente podemos estar en completa sintonía para volver a dar de mamar en equilibrio.

También podemos elegir tomarnos unos días de descanso de contenido audiovisual o incluso de lectura, que nos permita redescubrirnos en el ahora, en todo momento, reconectarnos con nuestros silencio, o con la calma de una música suave que nos acompañe y nos cobije. No necesitamos irnos a ninguna parte. Podemos elegir esto en cualquier momento de la semana.

Cuando la belleza de estar presentes esté firme en nosotras mismas, podemos volver a elegir mejor. Que leer, que mirar e incluso con quién compartir.

Podemos elegir con conciencia, en armonía con nuestros ritmos. Tal vez ya estemos listas para cambiar algunos hábitos, alimentarnos mejor, respirar mejor y estar más en contacto con la belleza de la naturaleza, ya menos inquietas, menos molestas, menos tensionadas.

Tal vez este ejercicio necesita muchas vueltas. Vamos a caer mil veces. Pues, elige algún sonido que te invite a volver de nuevo a tu casa interior.

Siempre podemos volver a elegir.

 

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