Crítica de guante blanco

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La  perfeccionista arregla la tarea una y otra vez, hasta que estamos agotados, niño y madre. Nada funciona. Explica una y otra vez y el niño estresado y abrumado menos entiende y menos escucha.

La perfeccionista en lugar de disfrutar del proceso de aprendizaje compartido, juzga  constantemente los resultados.

La perfeccionista está casada con el lado lógico del cerebro, tiene altas expectativas.

Es la reina de la rigidez. A un brillante momento creativo del niño se le hace una crítica de guante blanco: “Hmmm, ¿y esta falta de ortografía?” “¿Cómo que no sabes escribir esta palabra?”

¿Te ha pasado de estar en ese lugar? A mí si, y por suerte me pude observar para salir de ahí.

Cuando estamos en este lugar de “perfeccionistas” nada de lo que el niño haga será suficiente. El perfeccionismo no es una búsqueda de lo mejor. Es la persecución de lo peor de nosotros mismos, esa parte que nos dice que nada de lo que haga será nunca lo bastante bueno, que debería intentarlo otra vez. Esto es una porción de nuestra sombra.

Puede que le llamen “quiero lo mejor para él”. Puede que lo llames “tener criterio”. Pero lo deberías estar llamando perfeccionismo. Puro y duro.

El perfeccionismo está lejos de la conexión. Está lejos de la flexibilidad. No tiene nada que ver con el criterio. Ni con querer lo mejor para nuestros niños.

La disciplina es un bucle, un sistema obsesivo que despliega todo el dolor con el que fuimos criados. Un sistema debilitante y agotador fundamentalmente para el niño.

En lugar de permitirnos la diversión, la creación libre, la flexibilidad del momento, e incluso de permitir que los errores se revelen solos, en forma de hallazgos o aprendizajes, muchas veces estamos parados desde nuestra postura eficaz, prontas y listas para corregir, no aceptando ni un milímetro de diferencia respecto de lo pautado. Tratando de estandarizar o uniformizar la información poniendo reglas estúpidas que no están basadas en las necesidades de nadie. Corregimos su espontaneidad y su originalidad para convertirla en una tabla que carece de conexión y emoción.

Es hora de salir de ahí.

«Apunta a la luna. Incluso si fallas, caerás entre las estrellas».

LES BROWN

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