Una nueva mirada a la Maternidad

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Deberíamos reinventar la maternidad, transformar las ideas que moldean la forma que tenemos de ver y ejecutar la maternidad.

Podríamos empezar haciéndonos preguntas. Muchas y buenas preguntas.

Si te haces grandes preguntas crearás nuevas formas de estar en el mundo. Entrará un soplo de aire fresco. Tu vida será más alegre. El verdadero secreto en la vida no es alcanzar el conocimiento, sino adentrarse en el misterio. Fred Alan Wolf

La experiencia de la maternidad es una transacción emocional que nos pone al borde. El hecho es que el cuerpo que da a luz es un cuerpo atravesado por una nueva fusión con otro ser con el que estamos enlazadas y esa conexión se mantiene aún fuera de la vida intrauterina causando los cuestionamientos más grandes de nuestra vida y la apertura más profunda de nuestro cuerpo.

Por otro lado estamos reinventando nuestro cuerpo una y otra vez, el ADN, que almacena recuerdos de millones de años de evolución, la materia prima de nuestro ADN cambia cada 6 semanas (1). El problema es que lo reinventamos de la misma forma una y otra vez, repitiendo los mismos patrones, las mismas creencias e incluso las mismas enfermedades o dolencias. La mayoría de nosotros hemos crecido con nociones obsoletas sobre la maternidad, sobre el cuerpo, sobre el parto, sobre la crianza y las seguimos replicando en cada generación.

No siempre vamos de la mano de un compañero contenedor que nos ofrezca una mano de terciopelo para estos momentos, y en muchas ocasiones pasamos a una categoría de máquina que puede desgastarse o romperse en cualquier momento, nos desconectamos y empezamos a ignorar el espacio sagrado de nuestro cuerpo.

Empezamos a pensar en el cuerpo en términos orgánicos, todo es dormir, bañarse o comer, con suerte. Eso es todo lo que priorizamos y por donde vemos. Nuestro lente maternante se encoje. Se reduce.

Perdemos la capacidad de ser conscientes a como emprendemos cada una de estas tareas que hacen a “aceitar” la máquina, a niveles muy bajos por supuesto.

Deberíamos detenernos –como mínimo- a respirar conscientemente de vez en cuando, a mirarnos a los ojos, al respirar conscientemente al momento de lavarnos la cara, los dientes, de mirarnos al espejo desviando la atención de lo que responde a lo estrictamente físico y conectando con el momento presente, con nuestra vivencia y con nuestra verdadera esencia.

Está claro que en la vida diaria donde todos corremos para llevarlos al jardín,  a inglés, al club,  esto es un cambio dramático, casi imposible, como para lujo de un domingo o vacaciones.

Pero justamente es este dinamismo ensordecedor quien nos aleja de lo que somos primero como mujeres, después como madres, y completa el cuadro al alejarnos de las necesidades de nuestro niño, que están ahí latentes deseando ser escuchadas y tomadas en cuenta.

Descubrir este milagro de estar conectado a cada paso requiere un cambio abismal, casi crítico en la forma en que nos vemos, nos apreciamos, nos vinculamos y nos abrazamos a nosotros mismos, a esto me refiero con reinventar. Como dice Thich Naht Han la paz está presente aquí y ahora en nosotros, en todo lo que hacemos y vemos, lo que no está claro es si estamos en contacto con ella (2)

Podríamos ayudarnos a experimentar cambios, a cambiar creencias, a establecer nuevos acuerdos, a descubrir que hay otras formas, que la maternidad puede vivirse desde otro lugar más ameno, más acogedor, más amoroso, donde nos podamos tratar mejor. No tenemos que salir de la ciudad ni del barrio que vivimos para alegrarnos con la mirada de un hermoso niño. Hasta el aire que respiramos puede ser un motivo de alegría. Tenemos que cerrar un poco las puertas al ruido, a la multitud, y cobijarnos en un lugar seguro, tibio, amable.

A medida que voy avanzando en mi crecimiento personal, cada vez más, siento que todas tenemos la  oportunidad de restaurar nuestra conexión, nuestra integridad, y resucitaremos lentamente nuestro perfil maternante, amoroso de regreso a su máximo esplendor para sostener mejor logrando un estado de equilibrio interior.

Estoy cansada de que pongamos palabras bonitas al sacrificio cual apología del sufrimiento y valoremos, “mujeres que luchan, que pueden con todo”. No tenemos que poder. No somos un ejército, a veces estamos solas y cansadas, basta de hablar de lucha en términos de logro. Luchar no es ningún logro. Tal vez la reinvención de la maternidad pasa por dejar de luchar.

¿Contra qué luchamos?

La lucha necesita oponentes y guerreros. Necesita ganadores y perdedores. Mucha gente termina herida en las luchas.

Para ir hacia una conexión completa que nos permita empezar a desacelerar,  tenemos que aprender a respirar con consciencia y con alegría. No necesitamos irnos lejos, estar de vacaciones ni en una escuela budista, podemos hacerlo en el auto, de camino a casa, en la cola del supermercado.

Y podríamos empezar como mujeres comprometidas primero con nuestra integridad y luego con la maternidad donde la alegría, el amor y la comprensión cuando estamos conectadas provienen de una fuente ilimitada de amor que todas llevamos dentro.

¿Y si cerramos los ojos hacia una nueva mirada en profunda comunión con la vida?

(1) Chopra Deepak, 2017. Reinventa tu cuerpo, resucita tu alma: Como crear un nuevo yo.
(2) Nhat Hanh, Thich, 2000. La paz está en cada paso.

La imagen es de Meghan Howland

 

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