No-poder-poder-más

La adhesión de la mujer en los cuidados de los hijos/as

The Key in the Hand – Chiharu Shiota Vienal de Venecia 2015

En palabras de Riane Eisler[i] definitivamente nuestro modelo de sociedad es masculino, es decir, jerárquico y belicista, orientado a la competencia y la lucha por el poder.  

Para intentar un esbozo inicial de la respuesta de si es determinante voy a ambicionar desarmar la lógica de esta lucha de poder; ¿de dónde sale este varón que sigue afianzando el modelo? ¿Depende de la adhesión de la mujer en favor de su propio cuidado en la infancia? ¿de qué forma participamos en alimentar este sistema que se vuelve orientado al poder masculino? 

Tanto mujeres como varones en su mayoría provenimos de historias de falta de amor, de falta de cuidado y mirada, de carencias afectivas ¿y si hemos aprendido de forma temprana a defendernos de este dolor? Cuando la violencia se hace presente en nuestras vidas en los primeros años, la forma hostil de ver el mundo, de relacionarnos con los demás, de percibirnos a nosotros mismos queda instalada en lo profundo de nuestra mente y corazón, tanto que muchas veces no nos damos cuenta y sentimos como “natural” agredir a los demás y a nosotros mismos haciendo de la agresión la forma de vincularnos, y muchas veces la utilizamos en nombre del amor como suele suceder en la violencia intrafamiliar[ii]

Para desarmar esta lógica deberíamos viajar en la historia, mas allá de nuestras madres, de nuestras abuelas,  para descubrir que este modelo no depende de los cuidados que se brinde al niño, sino justamente de la falta de ellos, por lo tanto se seguirá reproduciendo mientras separemos el cuerpo de un bebe recién nacido de su madre dejándolo a la deriva, en soledad y a la defensiva. Allí empieza una lucha desgarradora e interminable que reafirma la sociedad patriarcal.  Gana el más fuerte.

¿Por qué? El bebe al nacer espera encontrarse con la misma sensación de comodidad que experimentó durante el embarazo, pretendiendo ser envuelto en un ritmo cardíaco reconocible. Si venimos al mundo sobre la base de la agresión, de la competencia, de la lucha, de la separación, los seres humanos empezamos a dividirnos, nos fragmentamos, nos despedazamos. Ser “extirpado” de forma agresiva del cuerpo materno es una experiencia violenta. Biológicamente no estamos preparados para ser arrancados del cuerpo femenino. Ahora, ¿cómo visualizar un camino hacia la construcción de una sociedad sin supremacía de unos sobres otros, si en un parto cortamos, cocemos, pinchamos el cuerpo sin siquiera preguntarle a la mujer cómo se siente, sino le brindamos intimidad para que pueda traer a su hijo al mundo, si seguimos a diestra y siniestra protocolos sin cuestionarnos por qué? entiendo que este poder es tomado tanto por hombres como por mujeres.  Y no solo la separación del niño y el maltrato en los partos, también tantos años de represión sexual especialmente sobre las mujeres.  


“El panorama es desalentador para las mujeres modernas y urbanas; aunque pensemos que esto forma parte de la liberación femenina, creo que es una trampa: no hay verdadera elección, casi nadie está en condiciones de decidir cuánto tiempo necesita quedarse con el bebé y cuándo es el momento adecuado para cada una par a reincorporarse a la vida laboral. Cada mujer está muy sola con su situación: la desestructuración emocional por el nacimiento del hijo, la falta de red social, el varón como único interlocutor y los mandatos sociales que manejan los hilos de las decisiones personales y familiares”[iii]

Ni trabajar o desarrollarse intelectualmente, ni hacer o dejar de hacer las cosas del hogar, ni adherirse a los cuidados del niño ofreciéndole mirada maternante y cálida,  deberían ser alimento para el sistema patriarcal, el verdadero problema ha sido la postura de congelamiento ante el abuso, ante el dolor, la distancia que hemos generado entre el niño y nosotras, la separación, la falta de respuesta y presencia real una vez decididas a ser madres, claro está que no significa que deba haber este deseo de ser madre, bien lo aclara Molina (2006)[iv] en este siglo las mujeres no enfrentan la maternidad como un camino obligado o como una acción que está ya pautada.  

En este nuevo contexto moderno puede observarse una prevalencia de ideologías sobre la crianza, recetas, discursos, fórmulas para la maternidad, lo que origina  una contradicción entre adherirse a los cuidados exclusivos del niño o el desarrollo intelectual, las habilidades en el terreno laboral y la búsqueda de objetivos individuales. Así la maternidad empieza a verse contraria a la realización personal, se disminuye el número de hijos y la opción laboral y actividades fuera del hogar aumentan, la postergación de la maternidad empieza a ser aceptada lo que se evidencia en una ampliación de la brecha generacional (Burin, 1998)[v]

En todo este juego se forma lo que yo llamaría un período bisagra de la maternidad, por un lado la necesidad interna de permanecer junto al niño bajo las nuevas “recetas” de crianza responsable y por otro el deseo individual del desarrollo intelectual-laboral.  En este cruce de caminos, la crianza, esa necesidad interna de estar junto al niño,  es la única actividad de cuidados que es al mismo tiempo un deseo y una necesidad vital[vi] que por momentos parece estar dormida, anestesiada o aplazada en pos de otros deseos.  Así el niño reclama la mirada maternante, el nivel de confort, el amparo materno, sufre, llora, se enferma, reclama, así comienza la creación de abusadores, guerreros, dominadores y dominados,  ¿quienes ejercen este poder? Todos nosotros. Quiero decir, el poder es asumido tanto por hombres como por mujeres aunque se vuelva invisible.

Los cuidados de un niño pequeño no son contradictorios a la capacidad femenina de ser independiente, del desarrollo intelectual, del crecimiento personal en todo su despliegue, pero Si lo es la falta de amor y conexión. La adhesión de la mujer a los cuidados de los hijos alimenta el sistema patriarcal solo cuando la mujer intenta competir con el hombre, por ganar espacios, por obtener poder, por destacar en ambientes de economía, ciencia, política, saliendo de una lógica solidaria y contenedora hacia una lógica de juegos de poder, en una absurda pelea por la igualdad por fuera de la íntima conexión consigo misma y generando distancia emocional con ese pequeño niño.  

Entonces en este período bisagra que le llamo, donde salgo a la calle en busca de defender el terreno femenino, al mismo tiempo siento culpa por dejar al niño sin cuerpo, sin fusión, sin mirada materna. Otras salimos corriendo, escapando del hogar y de todo lo que implican los cuidados del niño.  Así nos ponemos en guerra con nosotras mismas. Así nos convertimos en la madre contemporánea, una pieza más de la lógica del patriarcado, y parafraseando a Han  un sujeto de rendimiento[vii]. Lo cómico es que nos creemos en libertad y tal vez sea ese el primer sentido reafirmante de esta autoexplotación. Usar la bandera de la libertad. Una aparente libertad que no es más que otra forma de dominación. Así como mujer contemporánea que somos en algunas ocasiones creemos no poder darnos el “lujo” de decir que no a la maternidad, o decimos SI condicionadas, así entramos en la lógica del rendimiento laboral, intelectual, y lógicamente sexual.  

¿Qué viene después de esto para la mujer? 

Agotamiento, cansancio, fatiga, una sobreabundancia de exigencia, desmedida, todas manifestaciones de estar en guerra consigo misma. El colapso como mujer, independientemente de que elija ser madre o no, un cuerpo desconectado.  Desde este lugar seguimos sosteniendo -ocupándonos o no de los cuidados del niño- relaciones de dominio, de demostrar, de competir, de querer sostener lo insostenible. 

Los cuidados hacia un niño en el marco de un emparejamiento solidario, sostenedor y respetado pueden hacer la diferencia. Según Han la depresión como enfermedad característica de la sociedad actual es provocada por la presión del rendimiento. Y creo en esta línea que la mujer es representación fiel de este modelo; ¿no vemos en el puerperio una mujer deprimida y agotada? 

La depresión “se desata en el momento en el que el sujeto de rendimiento ya no puede poder más” Así lo afirma Han: “No-poder-poder-más conduce a un destructivo reproche de sí mismo y a la autoagresión. El sujeto de rendimiento se encuentra en guerra consigo mismo”[viii].  ¿Acaso esa no es la lógica del Patriarcado, que las mujeres vivamos sin conexión con nuestro cuerpo, lejos de nuestra más íntima energía femenina, conectadas con un mundo hostil, duro, inflexible y rígido compitiendo por posiciones de poder totalmente desconectadas de nuestra esencia?  

Desde mi perspectiva más allá del género, más allá de ideologías políticas, de la economía o la organización familiar que es opcional a cada ser humano, a cada experiencia personal  deberíamos apuntar a lograr un modelo de convivencia de mutuo respeto, de mutua solidaridad y colaboración que va más allá de una tarea hogareña en particular. Comenzar por ese lugar incluye la mirada maternante hacia el niño pequeño y sus necesidades, pedir apoyo, renunciar al ataque, renunciar a defender “verdades absolutas”; renunciar a tomar partido y abrirnos a todas las posibilidades de ser o hacer en el marco de la lógica del respeto mutuo en espacios de respeto. La diversidad no debería ser entendida como superioridad de condiciones sino usadas en favor complementario, como quien encastra piezas para lograr una que se mueva hacia un punto en común.


[i]  Eisler R. (2003) EL CALIZ Y LA ESPADA: NUESTRA HISTORIA, NUESTRO FUTURO, Madrid, España. Cuatro Vientos.

[ii] Iskandar, B. (2011) La crianza de nuestros ninos niñas y adolescentes. Como realizarla sin violencia. El Papagayo, Bello Monte Norte, Caracas.  Ediciones El Papagayo

[iii] Gutman L. “La maternidad y el encuentro con la propia sombra”

[iv] Molina, María Elisa. (2006). Transformaciones Histórico Culturales del Concepto de Maternidad y sus Repercusiones en la Identidad de la Mujer. Psykhe (Santiago)15(2), 93-103. https://dx.doi.org/10.4067/S0718-22282006000200009

[v] Quintero López, Antonio, & González Aguña, Alexandra. (2017). Formalización de la transmisión del cuidado entre la madre y el feto durante la gestación. Ene, 11(3), 742. Epub 23 de noviembre de 2017. Recuperado en 14 de mayo de 2018, de http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1988-348X2017000300009&lng=es&tlng=es.

[vi] (Merino, P. 2018, p. 70- 73) 

[vii] Han B. (2012) La sociedad del cansancio. Barcelona, España. Herder

[viii] Han B. (2012) La sociedad del cansancio. Barcelona, España. Herder (Pag.31)

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