A la espera de Nacer

Según datos que dio ayer el Dr. Borbonet nacen 4000 prematuros por año en Uruguay (1) (10% de nacimientos). Cada vez hay más posibilidades de vida para estos bebés y los de gran prematuridad (menores de 33 semanas y bajo peso). También ha mejorado la calidad de vida futura de ese bebé, aunque muchos quedan vinculados a largo plazo con problemas fundamentalmente del neurodesarrollo y de relacionamiento e interacción social así como una tendencia a presentar un apego inseguro a lo largo de la infancia.

El bebé prematuro debe completar su maduración física, y su desarrollo neurológico afuera , en un entorno totalmente distinto, sometido a estímulos para los cuales aún no está preparado, sus ritmos no están establecidos y a los que reacciona desde su inmadurez. Debería estar complementando su desarrollo de forma intrauterina y está expuesto a luz, sonidos y estímulos, así como procedimientos médicos y rutinas poco amigables.

Según la investigación de Fernando González Serrano (2), desde el punto de vista de la maduración neurológica, una explicación es que la corteza cerebral y las redes sub-corticales no están completamente maduras. La organización de las neuronas del lóbulo frontal, del que dependen muchos aspectos de la inteligencia y personalidad, ocurre en un estadío tardío de la gestación (Kleberg et al. 2006).

Desde la observación de la vida psíquica, estos bebés parecen estar todavía a la espera de nacer. Si se está atento, muchos de ellos expresan ciertos indicios de reacción a estímulos como los de malestar o dolor con discretas variaciones del tono y la postura, la mímica, la coloración de la piel (Sibertin-Blanc, et al. 2001; Jacques, 2003).

Sin embargo, según este y otros estudios de prematuros se ha encontrado más tendencia en el niño a presentar apego inseguro y a pasar de relaciones de apego seguro a inseguro a lo largo de la infancia, a diferencia de lo que suele ocurrir en las poblaciones de nacidos a término, que tienden a evolucionar hacia modelos vinculares seguros. 

Esto sugiere que los efectos de la prematuridad pueden llegar a generar distintos modos de vinculación que afectan y que impactan en la construcción de la vida psíquica de ese Bebé y esto viene de la mano de sus cuidadores.

Esta situación necesita de nuestra parte un esfuerzo extra, no es el bebé que esperábamos quizás, pero es el bebé que tenemos y al decir de Winnicott su fuerza o debilidad está en función de la capacidad de respuesta de quien lo cuida en esta primera etapa (Winnicott, 1962).
Las madres daremos significado a lo que siente y expresa ese bebé. Por eso creo que la clave está en la relación, en la capacidad de sentir a ese niño, en la capacidad de responder de forma sensible, y en la capacidad de contacto que debería ser el mayor tiempo posible. Disponibilidad y presencia emocional harán la base segura para que ese Bebé al crecer pueda salir a explorar el mundo con confianza. 

Y como dice Stern la implicación personal, será la estrella, lo que denomina investidura afectiva del niño por parte de los padres y cuidadores (Stern, 1997; Manzano, 2001; Golse, 2001).

Un gran desafío para la maternidad y paternidad de nuestro tiempo.

1.

2.

Fernando González Serrano. NACER DE NUEVO: LA CRIANZA DE LOS NIÑOS PREMATUROS: LA RELACIÓN TEMPRANA Y EL APEGO*

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