Una mente blanda

La blandura de un bebe lo expresa todo. Es un maestro espiritual que nos invita a apreciar la maravilla de la vida en todo su esplendor. La perfección.

Está en línea con la vida, en conexión con su verdadera esencia. En sintonía con todo el universo. Se acopla a nuestros brazos, se acomoda a nuestro pecho, con toda serenidad. La paz y el amor están en él milimétricamente.

Tiene la capacidad de adaptarse sin romperse, sin quebrarse, siempre que lo tratemos con dulzura y suavidad, va tomando la forma de quien lo sostiene. La elasticidad o flexibilidad es la capacidad de doblarse sin romperse, la capacidad de adaptarse a otro espacio, o bien otras circunstancias.

Podemos aprender la flexibilidad fusionando con esa ternura, respirando a cada paso con conciencia, y contemplando a cada instante con una ternura permanente.

A veces la mente está inquieta y ansiosa, con pensamientos bruscos que nos lastiman y ensucian. La forma de ordenarla que encontramos sino fuimos cuidados con cariño y serenidad, es poner límites, disciplina, ordenamiento y rigidez. Sin embargo, esto no es necesario. Mente y cuerpo se conectan a través de la respiración. Cuando estamos en plena consciencia de nuestra respiración conectamos y ordenamos cuerpo y mente en una misma vibración. Podemos elegir esto en cualquier momento de nuestro día. Nada lo impide. También podemos revisar lo que nos pasó. para agregar luz a nuestro escenario de hoy. Nada lo impide.

La respiración nos suaviza. Que alegría estar vivos y tener un niño que nos acerca a la alegría de la vida en todo momento en fusión con la energía de todo el universo.

Cuando estamos abiertos a la maravilla de la vida, el mundo nos sorprende y nos deleita. La realidad puede estar en continuo cambio, pero nuestro cuerpo y mente están en plenitud con este momento, en conexión con este niño que reclama solo amor. No hay nada más en este momento.

No tiene sentido endurecerse pensando en lo que sucedió o lo que va a suceder, en qué pasará si hago esto o aquello. Si es necesario lo que dijo el pediatra o la enfermera, cuando estamos en sintonía con la respiración y en fusión con el bebe tenemos toda la sabiduría, algo nos guía con alegría. Pero hemos perdido la confianza en nuestra intuición.

Estar en contacto piel con piel nos puede recordar a cada momento que solo brindando nuestro calor, abrazando y cobijando aprendemos a ser flexibles. La ternura permanente para con los niños es una gran oportunidad de cambio. Cuando miras a un niño y te sonríe, solo podes sonreír. Cuando les ofreces una mirada tierna, sincera, genuina, ellos te devuelven eso.

Creo que cada vez que traemos un niño tenemos una nueva oportunidad de entrar en contacto con esa ternura, con la amabilidad, con la amorosidad.

Y estamos más en sintonía con la realidad cuando somos flexibles. Estar en sintonía con nuestra respiración, a cada paso, nos permite adaptarnos al entorno y al niño a medida que cambia y crece. En este estado no hay apuro y nunca lo habrá.

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