El «período de oposición»

Foto de Jill Greenberg (2005)


Alguien dijo por ahí que hay un estadio obligatorio en la infancia que se llama «período de oposición». Algunos también hablan de “los terribles dos”, otros de “La etapa del No” o el período negativista.

Si entramos al DSM-5, y con 6 meses de panorama vamos con artillería pesada: tenemos el trastorno oposicional desafiante o negativista desafiante. Todos caras de la misma moneda, y llegamos a versiones distintas según las teorías, las ideas, los pensadores, las escuelas psicológicas. Francesa o Americana por poner un ejemplo.

En resumen coloquial (y engañado) hablamos de niños caprichosos que producen dificultades a los adultos, se lo mira así. El niño es el problema. Esto produce conflictos, en la escuela o en casa, que terminan en castigos, violencia, escenas de mucho llanto, frustración y descontrol. Y seguro más cosas dependiendo de cada caso en particular. Toda una bola de nieve que no sabemos cuando empezó y que puede incluir medicación.

¿Podríamos pensar (déjame tus apreciaciones 👇 o si pasaste por esta experiencia) que en la mayoría de los casos hablamos de un niño o niña estrictamente sujeto a la voluntad del adulto, a la voluntad estricta, inamovible, rígida? ¿Podríamos pensar que, para hacer prevalecer su punto de vista, no encuentra otros medios que la oposición? O, ¿qué no encuentra otra forma que no sea negarse a todo? ¿que está harto de escuchar indicaciones y noes de todo tipo? que gritar, llorar, pegar, ¿es la forma en que puede expresarse y encuentra la mirada del adulto? Podríamos al menos pensar que nos necesita; que es el período en que más nos necesita?

Muchas veces no escuchamos la sutileza, la delicadeza, la vivencia infantil. No la comprendemos enredados en nuestros propios conflictos. El pedido que seguro vino en múltiples formatos mil veces y no pudimos enterarnos. No importa acá el juicio.

En la vida diaria este niño se siente forzado a defender su opinión, quiere imponerse, y oponerse a la voluntad de los adultos. Esto puede transformarse para bien o para mal. Para mal, si entendemos que tenemos que “negociar” (entiéndase manipular, chantajear) para evitar el conflicto, en vez de acompañar o revisar que pasa con nosotros que necesitamos la oposición constante para escuchar a este niño. Para mal si necesitamos adormecerlo porque es él quien tiene el “problema”. Para mal si seguimos pensando que el problema no es nuestro y que otro debe “arreglarlo”.

Podríamos empezar revisando como estamos acompañando. Qué nos pasa con estos estallidos. Con el pedido constante. Dónde tenemos puesta la mirada. Y hasta pienso que podríamos ofrecer una verdadera autonomía en el pequeño, pensarla de verdad, concediéndole un espacio de libertad, la posibilidad de tomar decisiones, de ejercerla, con cosas sencillas. Su libertad de acción será crucial, para luego ahondar más, escuchar qué pide, qué necesita de nosotros, y si podemos dárselo estaremos en condiciones de ganarnos su confianza, de a poco y empezar de nuevo.

Siempre hay tiempo para empezar a mirar distinto, y sino sabes como empezar, aquí estoy para ti.

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